La necesidad de hacer lecturas críticas en los tiempos que corren es una de las ideas en las que más se insiste en el artículo ‘Lecturas del mundo para una pedagogía crítica de la educomunicación’, de Ramón Ignacio Correa.
Desde esta perspectiva, se defiende el compromiso por unas prácticas educativas liberadoras y progresistas, alejadas de la dominación y/o adoctrinamiento y que no estén al servicio del orden establecido. En este artículo (p.21) se subraya que “Paulo Freire nos incitaba e invitaba al ejercicio constante de la lectura del mundo (Freire, 2001) como un medio de transformar la realidad en que se vive y la sociedad que nos ha sido dada”.
Y dentro de esta realidad, las imágenes tienen un enorme poder de persuasión, de ahí la importancia de desarrollar estrategias para que los individuos no consuman sin más lo que les llega, con una actitud pasiva. En este sentido de ‘educar’ la mirada, o la lectura, o la escucha, ya apuntaba Jean-François Lyotard, quien, en La condición postmoderna (1987), alude a la necesidad de cuestionarse todo, la pluralidad de lenguajes y reglas, la diversidad y complejidad.
También para Lyotard, en esta sociedad postmoderna, la tecnología tiene mucho que decir. El modelo ‘emerec’ anunciado por Cloutier en la década de los 70, el de emisores creativos y receptores críticos, es, según Correa, “una profecía incumplida”. Cierto es que el auge de redes sociales y blogs ha conllevado una proliferación de miles y miles de mensajes que viajan a través de Internet (llegando a la desinformación por ese exceso de información), la navegación entre mundos reales y virtuales (que, en muchas ocasiones, se confunden), el paso de lo analógico a lo digital, etc. No obstante, ante esa avalancha de cambios es cuando las personas debemos ser más críticas y reflexivas, sino, un mal uso de esos mismos medios (como los blogs), que se supone que ayudarían a construir una sociedad más democrática, igualitaria y justa, pueden hacernos retroceder como ciudadanos. Tenemos que ir hacia adelante, ganar pasos, no hacia atrás, no hacia el fin, recordando ese cuento de Julio Cortázar Fin del mundo del fin:
La analogía con este cuento radica en esa codificación y decodificación en un mundo virtual a través de una pantalla. Ya no son escribas los que escriben día y noche libros que van hacia ninguna parte y ahogan el mundo y los mares, sino millones y millones de usuarios de blogs en un mundo, ahora, global, sin límites, sin fin. ¿Qué ocurre si no despertamos de la hipnosis de los discursos e imágenes de las ideologías dominantes? Hay nuevos medios a nuestro alcance, pero sólo son y serán nuevas oportunidades siempre que hagamos lecturas críticas. Pues no podemos caer en la paradoja lampedusiana de cambiar para que todo siga igual, alimentando la idea de Marcuse de la devaluación de las democracias occidentales.
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