domingo, 26 de mayo de 2013

DE LA DOMINACIÓN MASCULINA Y DEMÁS LEYES NATURALES (Lapidaciones, burkas invisibles y otras perversiones ideológicas)... Y OTROS ARTÍCULOS

Una asimetría de poder ha separado a los hombres de las mujeres, a los opresores de las oprimidas, desde el inicio de la humanidad. Incluso el nacimiento de la primera mujer en el Génesis ya se subordina al hombre, creándose aquella a partir de una costilla de Adán. También, según Pierre Bordieu, en ‘La dominación masculina’, en un pasaje de un texto famoso de Freud se puede ver “cómo la diferencia biológica se ha constituido como deficiencia, es decir, como inferioridad ética”: “Ella (la niña) observa el gran pene bien visible de su hermano o de un compañero de juegos, lo reconoce de inmediato como la réplica superior de su propio pequeño órgano oculto y, a partir de ese momento, es víctima de la envidia del pene”.
 
Y, para ningunear la identidad de la mujer o hacerla invisible, la sociedad no sólo ha creado burkas de tejido, sino también burkas ideológicos. En este texto, Emilia Moreno y Ramón Ignacio Correa analizan esta situación desde una perspectiva antropológica e histórica, una religiosa, otra legislativa y una última mediática. Hacen un retrato de algunas tribus primitivas en las que los hombres ejercen el dominio sobre la mujer, ya sea tratando a éstas como objeto de cambio o como ‘cosas’ a las que se puede dañar, violar y matar. Al hilo de este comentario, podemos traer a colación el reportaje de El País ‘La ruta de las que serán violadas’ (14/11/2011), en el que se narra cómo las migrantes centroamericanas que deciden marcharse hacia los EEUU en busca de una vida mejor sufren trayectos llenos de abusos por parte de los hombres con los que se van cruzando en el camino (incluso se inyectan un anticonceptivo para, al menos, evitar quedarse embarazadas). Es llamativo cómo, hasta la Revolución Francesa, no se dio el caso de hombres feministas como Condorcet, que empezaron, con una actitud crítica y cultivada, a denunciar la situación de la mujer (ésta aún casi carecía de educación). Sin embargo, sería con el derecho y la entrada en la educación cuando se logró un nuevo impulso feminista en el siglo XX. No obstante, tampoco se pueden obviar los nefastos años de la caza de ‘brujas’ en la época de la Inquisición o las leyes que permitían que el hombre cometiera adulterio, aunque este hecho significara la reclusión o, incluso, la propia muerte en el caso de la mujer (en España, esta visión androcéntrica se mantuvo hasta 1978).
 
Destacamos unas palabras de Moreno y Correa: “A fuerza de dar más de lo mismo se consigue presentar como natural la ideología dominante. Por eso, no hay mayor fuerza para una ideología que el dejarla de cuestionar porque consideramos que forma parte de lo cotidiano y del orden natural de las cosas”. A la representación estereotipada de la mujer han contribuido los medios de comunicación. ¡Cuánto publicidad sexista sigue existiendo hoy día! Recordemos la polémica surgida a raíz de un reportaje fotográfico de la revista de moda Vogue, en la que aparecían tres niñas maquilladas y con ropas inadecuadas y posando en actitudes no muy acordes a su edad (Polémica en Francia por las fotos de unas lolitas en el 'Vogue'). Ni el mágico cine infantil de Disney ha escapado a estos tentáculos ideológicos de una mujer que queda relegada a un segundo plano, como objeto bello, pero pasivo y dependiente de su ‘príncipe azul’. Al hilo de este argumento os dejamos el enlace al trabajo ‘De la ingenua Blancanieves a la Postmoderna Tiana’, realizado por Carmen Cantillo: http://prezi.com/_4e87zvkqndp/de-la-ingenua-blancanieves-a-la-postmoderna-tiana/.
 
¿Y qué decir de esas noticias en las que se trata a las víctimas de la violencia de género como simples cifras? Claro que no podemos dejar de destacar la labor de concienciación y denuncia que han llevado y que llevan a cabo los medios, pero no es menos cierto que éstos continúan cayendo en la trampa de ciertas tendencias que poco ayudan a ir a la raíz del problema. Muchas veces los datos más escabrosos (“degollada”), detalles de la vivienda de la víctima, etc., no contribuyen para nada a erradicar la lacra. En la noticia “Una mujer angoleña muere degollada en Madrid” (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/04/20/madrid/1366464911_629239.html), ¿qué aporta decir que es “angoleña” y que tenía “un profundo corte en el cuello”? ¿Acaso la violencia más extrema contra las mujeres depende de pertenecer a una raza o a una determinada condición socio-económica? No hace mucho que el consagrado atleta paralímpico Oscar Pistorius ha sido acusado de asesinato por la muerte de su novia (http://www.20minutos.es/noticia/1730434/0/pistorius/mata-novia/intruso/).
 
Si los burkas pueden ejercer la dominación masculina, los medios deberían cuidar siempre el tratamiento que hacen de los temas de desigualdad. Registrados quedan ya las apariciones de varias mujeres maltratadas que, después de salir en televisión, fueron asesinadas por sus parejas (caso de Ana Orantes y Svetlana). Como se empezó a defender en la Revolución Francesa, aún falta educación, mucha educación. Necesitamos interiorizar dónde está el germen de la dominación masculina, sin dejar nunca de luchar por la igualdad entre hombres y mujeres. Interiorización y concienciación es, quizás, lo que le faltaba al presidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior, José Manuel Castelao, cuando pronunció “Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”. Por eso la sociedad occidental y contemporánea no queda tan lejos de esas tribus primitivas, desgraciadamente.


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