Como decimos, de los altares de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, las Pussy Riot subieron a las primeras páginas y guiones de los medios nacionales, y también los internacionales se hicieron eco de la polémica (“La Justicia rusa condena a las Pussy Riot por su “gamberrismo”, El País, 17/08/2012), convirtiéndose la banda en todo un fenómeno.:
Poco a poco, la opinión pública se fue mostrando a favor o en contra de las medidas judiciales que se tomaron contra tres de las jóvenes que protagonizaron el acto en la catedral, detenidas y condenadas luego a dos años de cárcel por vandalismo. Los propios rusos tienen opiniones encontradas sobre el caso. Como se muestra en la siguiente noticia de la agencia AFP, hay quien piensa que Pussy Riot estaban causando problemas “con sus acciones estúpidas”, mientras que otras dicen que están “en contra del odio que la sociedad está expresando contra estas mujeres” y “en contra de aquellas personas que nos llaman para que las lapidemos”, asemejando este caso a la famosa caza de brujas; la Iglesia misma se encuentra dividida sobre el tema. Un abogado defensor, Mark Feigin, afirma que éste es un caso político:
Llamativas han sido las reacciones en apoyo a las mujeres condenadas de figuras como McCartney o Madonna, quien ha manifestado en varios de sus conciertos su malestar y decepción por la actitud y persecución de la Iglesia y el Gobierno contra Pussy Riot, pidiendo su libertad, encapuchada y con el nombre del colectivo escrito en su cuerpo (lo que ha originado la ira del círculo de poder que rodea al presidente Putin):
Incluso el maestro de ajedrez, Kasparov, también activista contrario a las políticas totalitarias de Putin, fue arrestado por las fuerzas del orden , cuando se encontraba apoyando a la banda junto a un grupo de manifestantes durante el juicio.
Como se puede analizar, los medios de comunicación han jugado un papel importante en la conformación de la opinión pública. Salvando las distancias, recordaremos otro caso en el que una protesta ‘no autorizada’ de dos mujeres termina encumbrándolas casi como mártires (lo que también temía la Iglesia en el caso de las Pussy Riot), provocando luego una avalancha de críticas contra el sujeto que ejerce la represión sobre ella (un poder ejercido no con una acusación judicial sino con un cinturón). Se trata de la joven pro-Palestina que irrumpió en la inauguración de una exposición sobre Israel en la sede de la Asociación de la Prensa de Granada, cuando, inesperadamente, el presidente de esta entidad, Antonio Mora, se levanta, se quita el cinturón y se dirige a la activista con dicho cinturón en alto. La polémica y su difusión pública hicieron que el presidente de la Asociación de la Prensa dimitiera.
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