El País, el 14 de diciembre de 2012, nos habla de la película Zero dark thirty, de Kathryn Bigelow, en la cual se relata la caza de Bin Laden.
Mucho antes de su estreno ya provocó la reaparición de un tema recurrente en la política y moral de los estadounidenses, la legitimidad de la tortura.
Aquí tenemos otra muestra más de la venta que produce la violencia. Ya sea real, ficticia o recreada, la tortura y maltrato sin control es una norma dentro de los frentes armados estadounidenses, convirtiéndose en un potencial saco sin fondo de hacer dinero; ya sea tanto por sus seguidores como por sus detractores, ya que el debate siempre está servido y los interesados bien saben aprovechar el tirón.
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